Terrorismo

Marcharse o morir: Colombianos obligados a huir en medio de una nueva oleada de violencia guerrillera

El asesinato a manos del ELN de la familia López Durán, incluido su bebé de seis meses, parece haber desencadenado intensos enfrentamientos entre disidentes del ELN y de las FARC.

Residentes desplazados por los recientes enfrentamientos entre grupos armados llegan a Tibú, Colombia, el 18 de enero. La violencia cerca de la inestable frontera con Venezuela, en la que están implicadas guerrillas izquierdistas, se ha cobrado al menos 80 vidas. [Schneyder Mendoza/AFP]
Residentes desplazados por los recientes enfrentamientos entre grupos armados llegan a Tibú, Colombia, el 18 de enero. La violencia cerca de la inestable frontera con Venezuela, en la que están implicadas guerrillas izquierdistas, se ha cobrado al menos 80 vidas. [Schneyder Mendoza/AFP]

Por AFP y Entorno |

TIBÚ, Colombia -- Gladis Angarita, de 62 años, huyó aterrorizada de su pueblo en el noreste de Colombia el 17 de enero, junto a miles de personas que escapaban de una nueva embestida guerrillera que se ha cobrado decenas de vidas en tan sólo unos días.

No tuvo tiempo de empacar y escapó con poco más que la ropa que traía puesta y su medicación para el asma.

"Había mucho plomo (disparos)", Angarita declaró a AFP en la ciudad de Tibú, en la frontera con Venezuela, donde encontró refugio en un centro comunitario con otras 500 personas, entre ellas muchos niños y ancianos.

"Por el miedo, hemos dejado todo", se lamenta, sentada sobre un tronco y aspirando su inhalador. "No cargo ni una bata siquiera para dormir".

Desplazados por los recientes enfrentamientos armados suben a canoas para cruzar el río Tarra, frontera natural entre Colombia y Venezuela, en Tibú (Colombia).[Schneyder Mendoza/AFP]
Desplazados por los recientes enfrentamientos armados suben a canoas para cruzar el río Tarra, frontera natural entre Colombia y Venezuela, en Tibú (Colombia).[Schneyder Mendoza/AFP]
Policías descargan ayuda humanitaria para las personas desplazadas por los recientes enfrentamientos entre grupos armados en Tibú, Colombia. [Schneyder Mendoza/AFP]
Policías descargan ayuda humanitaria para las personas desplazadas por los recientes enfrentamientos entre grupos armados en Tibú, Colombia. [Schneyder Mendoza/AFP]

Herne Vargas también se vio obligado a abandonar su hogar y sus tierras en un pequeño caserío de la zona rural de Tibú.

"Era eso o arriesgarnos a que nos mataran", declaró el agricultor en un testimonio publicado por el diario local La Opinión el 19 de enero.

Recuerda muy bien el ultimátum que le dieron los grupos armados ilegales ordenándole que se marchara, así como la desgarradora imagen de los muertos tras los enfrentamientos iniciales.

Vargas huyó a Cúcuta, la capital provincial, con su mujer y su hijo de 12 años, aferrándose a la esperanza de que la violencia remitiera pronto para poder regresar.

"Aquí qué vamos a hacer", se pregunta, reflexionando sobre la incertidumbre de su desplazamiento.

Familia asesinada

De acuerdo con un informe de inteligencia militar, los enfrentamientos al parecer iniciaron luego de que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) asesinara al administrador de una funeraria en la localidad de San Miguel, junto con su esposa y su bebé de 6 meses.

El informe, difundido por Blu Radio el 17 de enero, indica que Miguel López y su familia fueron asesinados por desobedecer una orden del ELN de no recoger ni enterrar los cadáveres de disidentes de las FARC asesinados por el ELN en días anteriores.

López, que trabajaba en una zona fuertemente dominada por grupos armados ilegales, cumplía labores de levantamiento de cadáveres en lugares peligrosos a petición de familiares o autoridades locales.

El asesinato de la familia López Durán parece haber sido el detonante de los intensos enfrentamientos entre el ELN y los disidentes de las FARC, que dejaron como saldo decenas de muertos.

El ELN de Colombia, el mayor grupo guerrillero aún activo en el conflictivo país sudamericano, perpetró un sangriento ataque el 16 de enero en la región nororiental del Catatumbo.

Su objetivo fueron civiles y combatientes disidentes de una formación rival integrada por exmiembros de la extinta guerrilla de las FARC que siguieron luchando tras su disolución en 2017.

Las autoridades informaron de al menos 80 muertos hasta el 19 de enero, unas dos docenas de heridos y 5 000 desplazados en una revuelta que recuerda a la sangrienta década de 1990, cuando Colombia atravesó el peor periodo de su conflicto armado de seis décadas.

En los últimos días también murieron nueve personas en enfrentamientos entre el ELN y el Clan del Golfo, el mayor cártel de droga de Colombia, en otra región del norte del país. Esta escalada de violencia llevó al presidente Gustavo Petro a suspender el 17 de enero las negociaciones con el ELN, que formaban parte de su apuesta manifiesta por la "paz total".

El 20 de enero se registraron aún más muertes. Un funcionario del ministerio comentó a AFP que otras 20 personas habían muerto en enfrentamientos entre grupos rivales de las FARC en el sur del departamento del Guaviare.

"Queremos paz"

"¡Queremos paz!", exclamó Angarita poco después de llegar a Tibú, una localidad de la región colombiana con los mayores narcocultivos del mundo, según las Naciones Unidas.

"Que paren ya la guerra", exclama.

Un acuerdo de paz de 2016 con las FARC había tratado de poner fin a la guerra más larga del continente americano.

Sin embargo, grupos guerrilleros con intenciones desestabilizadoras, facciones paramilitares extremistas y cárteles de droga siguen en conflicto abierto en varias regiones del país mientras continúan las batallas por el control de la minería ilegal, los recursos de la droga y las rutas de tráfico.

El ELN, que cuenta con unos 5 800 combatientes y una importante participación en el negocio de la droga, ha protagonizado negociaciones fallidas con los cinco últimos gobiernos de Colombia.

Se calcula que, desde 1964, el conflicto ha causado la muerte, la desaparición o el desplazamiento forzoso de unos 9 millones de colombianos, según las autoridades.

En noviembre pasado, el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), una organización humanitaria, señaló que al menos 1,5 millones de personas habían sido desplazadas desde el acuerdo de 2016 con las FARC.

Peor que en Venezuela

El 18 de enero, Tibú era un hervidero de actividad frenética, su terminal de autobuses rebosaba de gente desesperada por huir a otras partes de Colombia o más lejos.

"Me duele el Catatumbo... me duele todo el país porque hay muchas personas inocentes que están pagando en la guerra", se lamenta entre lágrimas Carmelina Pérez, 62, mientras se cubre con cartones para protegerse del sol inclemente.

Pérez indicó que huyó con su marido y sus nietos a Tibú "presa del pánico". Está desesperada por sus hijas, que se quedaron en su pueblo.

Alrededor de Pérez, en el refugio, las hamacas cuelgan de los árboles para que la gente duerma y los niños corretean mientras las mujeres preparan una sopa colectiva en una gran olla sobre el fuego.

El también refugiado Luis Alberto Urrutia, venezolano de 39 años, expresó que había huido de la crisis económica y política de su país hace siete años para trabajar en las plantaciones de coca del Catatumbo.

Ahora, se encuentra de nuevo en plena huida y contempla la posibilidad de volver a su país.

"Vemos que esto está más difícil que en Venezuela", declaró Urrutia a AFP en Tibú.

"En todos lados hay peligro, pero más acá. Hay muchos muertos", comentó sobre los acontecimientos de los últimos días.

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El artículo sí me gustó, No me gusta lo que está pasando en el Catatumbo, lo peor lo que nadie dice con toda claridad, al que regrese lo matan porque a todos los han declarado objetivos militares del ELN. Este hijo de puta gobierno de Petro usan las fuerzas armadas no para defender las regiones sino para escoltar la huida de los desplazados más la de las FFAA. Y mientras tanto el cerdo de Petro creando cortina de humo sobre cómo van a regresar los colombianos deportados de los Estados Unidos donde gracias a su bocata empeoró todo.